Se termina el 2011. Todavía no estoy muy seguro de si este hecho es muy trascendental o no. El tiempo pasa todo el tiempo (oh), los instantes se suceden unos a otros. Nada se detiene y aunque nos esforzamos, no podemos retener nada.

El 2011 ha sido un año muy especial, y muy intenso (intensísimo). Esa intensidad, para bien o para mal, subyace e impregna todos mis textos. Inmortaliza las emociones que hay tras ellos, los pensamientos, las sensaciones, las intuiciones, los presentimientos, las personas, los seres, o al menos lo hacen en la medida en que las palabras pueden inmortalizar algo que habite este mundo.

Y desde este tímido estrado en el que me expongo a miradas extrañas, y sobre todo a miradas amigas, solamente puedo encogerme de hombros, suspirar profundamente con un poco de teatro, y dar las GRACIAS. A todos los que me leen y sienten algo, sea lo que sea; a todos los que están conmigo y sienten algo, sea lo que sea también. Gracias.

Un escritor escribe, más allá de otras superficialidades, para calmar un impulso que lleva dentro, el auténtico motor de la creación. Sin embargo, cuando termina con ese impulso, se encuentra con una obra en sus manos que carece de mucho sentido si no hay ojos que la lean, corazones que la sientan, y por qué no, ojos que la lloren. Los que leen son una parte básica del invento. Una parte maravillosa, y muy especial para mí.

Por eso, otra vez, gracias por hacerlo.

El 2012 traerá más… más de TODO (y sí, eso es una amenaza).

Styr*leiki f*nir a*la!

 

PD: me gustaría terminar con la letra de una canción que me reconcome desde hace semanas, por bonita, del maestro Morente, al cual no homenajeo lo suficiente. La canción es Generalife.

Ya cantan los gallos, amor mío

Vete

Ya cantan los gallos, vete vida mía

No verte, no esperes, no descubra el día los nuestros placeres

Cállame los gallos

 

Ya cantan los gallos, amor mío

Vete

 

¿Piensa o sueña el agua ensimismada?

¿Piensa o sueña?

El árbol que se inclina buscando sus raíces…

El horizonte, ese fuego intocado

¿Se piensan, o se sueñan?

El mármol no fue aire, ¿alguna vez?

Alguna vez… el oro, llama

El cristal aire o lágrima

 

¿Lloran su perdido aliento?

¿Acaso son memoria de sí mismos?

¿Y detenidos se contemplan ya para siempre?

 

Si tú me miras, ¿qué queda?

Si tú me miras, te quedas

 

Ya cantan los gallos, amor mío

Vete

Ya cantan los gallos, vete vida mía

No verte, no esperes, no descubra el día los nuestros placeres

 

Ya cantan los gallos

Ya cantan los gallos, amor mío, vete